Preguntas › Balances y estados contables
Balances y estados contables.
Para qué sirve un balance, cuándo es obligatorio, qué mira un banco, cómo regularizar ejercicios atrasados y cómo usarlo para decidir. Catorce preguntas respondidas por contadores públicos.
Material informativo de carácter general. Cada caso necesita un análisis puntual.
El balance no debería verse solamente como un documento que se prepara porque lo exige un organismo. Permite conocer qué posee la empresa, cuánto debe y cuál es su patrimonio. Junto con el estado de resultados muestra además qué ocurrió durante el ejercicio. También puede ser requerido por bancos, inversores, organismos o terceros que necesitan evaluar la situación patrimonial. Pero para gestión interna muchas veces hay que ir un paso más allá. Un balance anual puede decir que la empresa obtuvo ganancias, pero quizás el dueño necesita saber qué línea de productos ganó dinero, qué pasó cada mes o por qué faltó caja en julio. En Épsilon diferenciamos por eso la contabilidad formal de la contabilidad de gestión. El balance cumple una función legal y profesional fundamental; los tableros internos toman esa información y la transforman en preguntas útiles para dirigir la empresa.
Porque ganancia y caja no son lo mismo. Supongamos que vendés 10 millones en diciembre pero tus clientes te pagan en febrero. Contablemente podés haber generado una venta y un resultado en diciembre, aunque todavía no haya ingresado el efectivo. También puede ocurrir lo contrario: cobrar en diciembre una venta realizada meses atrás aumenta el saldo bancario, pero no necesariamente la ganancia de diciembre. Hay otros ejemplos: comprar una máquina reduce la caja, pero normalmente no se reconoce todo su valor como gasto inmediatamente; pagar una deuda consume efectivo pero tampoco representa necesariamente un gasto del período. Por eso una empresa necesita observar dos reportes diferentes: resultado económico y flujo de fondos. En Épsilon solemos mostrar ambos en los tableros, porque mirar solamente uno puede llevar a decisiones equivocadas. Una empresa puede ser rentable y quedarse sin caja, y también puede tener dinero disponible mientras su negocio pierde rentabilidad.
Depende de la forma jurídica y de la normativa aplicable. Las sociedades tienen obligaciones contables y societarias que una persona humana con actividad no necesariamente tiene, aunque esta última también debe llevar registros que respalden sus declaraciones impositivas. Más allá de la obligación formal, hay situaciones donde el balance se vuelve necesario en la práctica: pedir crédito, presentarse a una licitación, incorporar un socio, vender la empresa o rendir cuentas a terceros. Y hay un motivo interno: sin estados contables confiables es muy difícil saber cuánto vale y cuánto gana realmente el negocio. Épsilon determina exactamente qué debe preparar y presentar cada cliente, y qué conviene llevar aunque no sea obligatorio.
Al cierre de cada ejercicio económico, en la fecha que fija el contrato social. A partir de ahí hay que confeccionar los estados contables y cumplir los pasos de aprobación que resulten aplicables, dentro de los plazos previstos. Elegir bien la fecha de cierre importa más de lo que parece: conviene que caiga en un momento de baja actividad y de stock bajo, para que el inventario y las conciliaciones sean más simples. El problema habitual no es la fecha sino el estado de la información: si la contabilidad se lleva mes a mes, el cierre es un trámite; si hay que reconstruir doce meses, se vuelve un proyecto. En Épsilon trabajamos con cierres mensuales para que el balance no implique arrancar de cero.
Depende del volumen de operaciones, del estado en que esté la contabilidad y de la complejidad de la empresa. Un balance con registros ordenados, bancos conciliados y stock controlado requiere un trabajo muy distinto de otro donde hay que reconstruir movimientos, buscar comprobantes faltantes y explicar saldos sin origen. La diferencia de esfuerzo puede ser de varias veces. También influyen la cantidad de cuentas bancarias, los bienes de uso, las participaciones en otras sociedades y si hay operaciones con partes relacionadas. Épsilon presupuesta contemplando la situación inicial, y en general propone ordenar la contabilidad durante el ejercicio, porque termina siendo más barato que pagar la reconstrucción al final.
Facturación emitida y recibida, extractos bancarios de todo el ejercicio, detalle de inversiones, inventario al cierre, listado de deudas y créditos, liquidaciones de sueldos, declaraciones juradas impositivas, contratos relevantes y documentación de bienes de uso. También hace falta información que no está en ningún sistema: qué operaciones fueron excepcionales, qué deudas se consideran incobrables, qué stock está obsoleto. Cuanto más tarde se pida todo esto, más difícil resulta conseguirlo: los comprobantes se pierden y los recuerdos se vuelven imprecisos. En Épsilon preferimos organizar esa información durante todo el ejercicio, con un circuito mensual, en lugar de solicitarla toda junta al final.
Depende sobre todo de la calidad de los registros. Con la contabilidad mensual conciliada, el cierre puede resolverse en semanas. Con saldos sin explicación, bancos sin conciliar o inventarios inexistentes, puede llevar meses. Otro factor es la disponibilidad de la empresa para responder consultas: buena parte del tiempo de un cierre se va esperando definiciones o comprobantes. Conviene además no dejarlo para último momento, porque los plazos societarios e impositivos corren y comprimen todo. Épsilon puede cerrar con mayor rapidez cuando la contabilidad viene al día, y por eso proponemos revisiones periódicas en lugar de un único esfuerzo anual.
Hay que reconstruir los ejercicios en orden cronológico, porque cada balance parte de los saldos del anterior. No se puede saltear un año. Además de la reconstrucción contable, hay que revisar qué obligaciones societarias e impositivas quedaron pendientes: aprobaciones, presentaciones y declaraciones que dependían de esa información. El costo de tener balances atrasados no es solo el trabajo acumulado: también bloquea operaciones concretas, como pedir un crédito, vender participaciones o presentarse a una licitación. En Épsilon armamos un plan de regularización que prioriza los ejercicios y define qué se resuelve primero, en lugar de intentar atacar todo al mismo tiempo.
Sí. Hay que reconstruir la información de cada ejercicio con la documentación disponible y cumplir los pasos que correspondan para cada uno. El trabajo se hace desde el período más antiguo hacia adelante, porque la continuidad contable exige que los saldos de cierre de un ejercicio sean los de apertura del siguiente. En el camino suelen aparecer diferencias impositivas, saldos que nadie puede explicar o bienes que figuran y ya no existen. Todo eso hay que documentarlo y corregirlo con criterio. Épsilon empieza por el ejercicio más antiguo y deja asentado qué se reconstruyó y con qué respaldo, para que la regularización quede sólida frente a cualquier revisión posterior.
Frecuentemente sí. Las entidades financieras suelen solicitar estados contables, declaraciones juradas impositivas, información de ventas y deudas, y a veces proyecciones. Lo importante es llegar con información coherente: si el balance dice una cosa, las declaraciones impositivas otra y las ventas informadas una tercera, el análisis se frena. También conviene anticipar qué indicadores van a mirar y revisar cómo está la empresa en cada uno antes de presentar la carpeta. Épsilon puede preparar además indicadores complementarios que ayuden a mostrar capacidad de pago y situación financiera, que es lo que finalmente define la decisión del banco.
Básicamente si la empresa puede devolver el préstamo. Para eso observa el patrimonio, el nivel y la composición de la deuda, los resultados de los últimos ejercicios, la liquidez y la capacidad de generar fondos. Suele analizar indicadores concretos: relación entre deuda y patrimonio, liquidez corriente, evolución de las ventas y del resultado, y la relación entre la deuda financiera y la ganancia operativa. También mira consistencia y antigüedad de la información: un balance viejo o con datos que no cierran resta puntos. En Épsilon analizamos esos mismos indicadores antes de que los mire un tercero, para saber cómo va a ser leída la empresa y, si hace falta, trabajar sobre los puntos débiles.
Mirá cuatro cosas: la liquidez (si los activos corrientes alcanzan para cubrir las deudas de corto plazo), el nivel de endeudamiento en relación con el patrimonio, la composición del activo (cuánto está inmovilizado en stock o en cuentas por cobrar) y la evolución del resultado. Pero el balance es una foto de un día. Complementalo con el resultado del período y con el flujo de fondos, que muestran la película. Un único ratio nunca alcanza: una empresa puede tener buena liquidez porque acumuló stock que no rota, y eso es un problema disfrazado de fortaleza. En Épsilon leemos esos indicadores en conjunto y los comparamos entre períodos, que es donde aparecen las tendencias.
Los estados contables siguen normas profesionales y legales, tienen un formato definido y sirven para cumplir y para mostrar la situación a terceros. Se preparan una vez al año y llegan con cierta demora. Un reporte de gestión, en cambio, se arma para decidir: puede ser mensual, usar los criterios que le sirvan a la empresa, abrir por producto, cliente o sucursal, y priorizar la utilidad por sobre la formalidad. No compiten: se alimentan de la misma información y responden preguntas distintas. En Épsilon trabajamos con ambos, el formal para cumplir y el de gestión para dirigir, y buscamos que no se contradigan entre sí.
Comparando períodos y convirtiendo los saldos en indicadores: margen bruto y neto, endeudamiento, liquidez, rotación de stock, días de cobro y de pago, y retorno sobre el capital invertido. Esos números permiten responder preguntas concretas: si la rentabilidad mejoró o solo crecieron las ventas, si el stock está creciendo más rápido que la facturación, si los clientes se están atrasando o si la empresa depende demasiado de deuda de corto plazo. La clave es mirarlos en serie, no de forma aislada: la tendencia dice más que el valor puntual. En Épsilon transformamos los estados contables en un conjunto reducido de indicadores para seguir mes a mes, en lugar de esperar al cierre del ejercicio.
Seguí por acá
¿Tenés el balance atrasado o lo necesitás para un banco?
Ordenamos la contabilidad, preparamos los estados contables y te explicamos qué dicen de tu empresa.
