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Sociedades, socios y fideicomisos.

Constituir una sociedad, elegir la figura, acuerdos entre socios, retiros, distribución de utilidades y cuándo tiene sentido un fideicomiso. Veinticuatro preguntas respondidas por contadores públicos.

Material informativo de carácter general. Cada caso necesita un análisis puntual.

El primer paso es decidir si vas a operar como persona humana o como sociedad, porque de eso depende todo lo demás. Si elegís sociedad, hay que constituirla, inscribirla en el Registro Público de la jurisdicción y recién después completar el alta fiscal. ARCA tramita la CUIT de personas jurídicas mediante el servicio Inscripción y Modificación de Personas Jurídicas. Después vienen las inscripciones en impuestos nacionales y provinciales, la habilitación de la facturación, los libros, la cuenta bancaria y, según la actividad, la habilitación municipal. Épsilon puede coordinar todo el proceso y dejar la empresa operativa, que es distinto de dejarla inscripta: una sociedad inscripta sin CUIT, sin impuestos y sin facturación todavía no puede trabajar.

El primer paso no debería ser llenar un formulario: debería ser decidir qué estructura tiene sentido. Hay que definir socios, participaciones, actividad, administración, domicilio, capital y reglas básicas entre las partes. Después se prepara el instrumento constitutivo y se tramita la inscripción ante el Registro Público correspondiente. En Provincia de Buenos Aires, por ejemplo, la DPPJ exige para una SRL el instrumento constitutivo, publicación de edictos y acreditación de la integración del capital, además de otros requisitos. Una vez inscripta, todavía queda la etapa tributaria. Las personas jurídicas solicitan la CUIT mediante el servicio de ARCA Inscripción y Modificación de Personas Jurídicas. En Épsilon coordinamos el proceso pensando también en lo que viene después: impuestos, libros, facturación y funcionamiento administrativo. Constituir la sociedad es el comienzo, no el final.

Depende principalmente de quiénes integrarán la empresa, cómo quieren administrarla, qué actividad realizará y qué necesidades de crecimiento o inversión esperan tener. La SRL es muy utilizada por pequeñas y medianas empresas y organiza la participación mediante cuotas sociales. La SA representa el capital mediante acciones y utiliza una estructura societaria diferente, con administración mediante directorio. La SAS fue creada como un tipo societario simplificado y la Ley 27.349 permite que sea constituida por una o varias personas, humanas o jurídicas. Además, hay que mirar la jurisdicción, porque los procedimientos registrales pueden cambiar. En Provincia de Buenos Aires los trámites registrales de los distintos tipos societarios se realizan ante la DPPJ, que publica los requisitos de cada uno. En Épsilon no recomendamos elegir simplemente la que sea más barata de abrir. Analizamos administración, socios, impuestos, costos futuros y funcionamiento esperado antes de definir la figura.

No existe un precio nacional único. El costo depende de la provincia donde se constituya, del capital, de las características del contrato y de los profesionales que deban intervenir. En Provincia de Buenos Aires, por ejemplo, el trámite contempla el instrumento constitutivo, publicación de edictos, integración del capital y tasas registrales correspondientes. A eso pueden sumarse certificaciones de firmas, gastos notariales si corresponden y honorarios profesionales. También hay un costo que muchas veces se omite: mantener la sociedad después de crearla. Una SRL puede generar obligaciones contables, fiscales y societarias aunque tenga poca actividad. Por eso, en Épsilon, cuando presupuestamos una constitución, buscamos separar claramente dos preguntas: cuánto cuesta poner en marcha la sociedad y cuánto costará administrarla después. Elegir una SRL porque abrirla cuesta X, sin analizar el mantenimiento, puede ser una mala decisión.

Varía según la jurisdicción, el tipo societario, el trámite elegido y si el organismo formula observaciones. La mayor parte de las demoras no vienen del registro sino de la preparación: documentación incompleta, datos de socios que faltan, definiciones que no estaban tomadas o un objeto social mal redactado que después hay que corregir. Por eso conviene tener resuelto antes todo el contenido del contrato: socios, capital, administración, domicilio, objeto y reglas de funcionamiento. En Épsilon buscamos reducir idas y vueltas ingresando el expediente con documentación consistente, aunque el plazo final también depende de los tiempos del organismo registral, que conviene no prometerle a nadie con fecha exacta.

El proceso puede involucrar contador, abogado y escribano según la estructura, los bienes que se aporten y los actos que haya que instrumentar. El contador es especialmente importante en dos momentos: antes, para evaluar qué figura conviene desde el punto de vista fiscal y de costos de mantenimiento; y después, para poner la sociedad en funcionamiento con CUIT, impuestos, libros y facturación. Quedarse solo con la parte registral suele derivar en una sociedad inscripta que no puede operar o que arranca con impuestos mal dados de alta. Épsilon coordina esas áreas para que el cliente gestione todo desde un único equipo y no tenga que hacer de intermediario entre profesionales.

Cuando aparecen socios, cuando el riesgo patrimonial empieza a ser relevante, cuando necesitás separar estructuras o cuando el tamaño y el tipo de clientes lo exigen. También puede pesar la continuidad: una sociedad sobrevive a las personas, facilita incorporar inversores y ordena la relación entre quienes participan. Del otro lado están los costos: obligaciones contables y societarias, honorarios de mantenimiento y una carga administrativa mayor. Si el negocio es chico y de un solo dueño, sumar esa estructura puede ser prematuro. En Épsilon comparamos el costo fiscal, administrativo y societario de ambas alternativas para determinar si el cambio aporta valor hoy o conviene esperar.

Ante la Dirección Provincial de Personas Jurídicas, que tiene su sede en La Plata y publica los requisitos según el tipo societario y el trámite. Para una SRL, por ejemplo, el trámite contempla el instrumento constitutivo, la publicación de edictos y la acreditación de la integración del capital, además de la documentación de socios y autoridades. Si el domicilio societario está en otra jurisdicción, el organismo cambia, y los requisitos y plazos también. Épsilon, con base en La Plata, puede coordinar la constitución, la obtención de la CUIT y las altas posteriores, cuidando que lo que se declara en el registro sea coherente con lo que después se informa a ARCA y a ARBA.

ARCA establece que el representante legal o la persona autorizada debe utilizar el servicio Inscripción y Modificación de Personas Jurídicas, presentando los datos de la sociedad, sus autoridades, el domicilio y la documentación respaldatoria. Es una etapa posterior a la inscripción registral, y suele requerir que los representantes tengan su propia clave fiscal con el nivel de seguridad adecuado. Una vez obtenida la CUIT recién se pueden dar de alta los impuestos, habilitar la facturación y designar quién administrará los servicios con clave fiscal. Épsilon gestiona habitualmente esta etapa apenas está disponible la documentación societaria, porque es el cuello de botella típico entre tener la sociedad inscripta y poder emitir la primera factura.

Depende de la actividad, pero el esquema habitual incluye Ganancias sobre el resultado de la sociedad, IVA si sus operaciones están gravadas, Ingresos Brutos en la provincia o provincias donde opere y, si tiene empleados, las obligaciones de seguridad social. A eso se suman los regímenes de retención y percepción, el impuesto a los débitos y créditos bancarios y, para los socios, el impacto de la participación societaria en su situación personal. También hay obligaciones formales que no implican pago pero sí presentación, como determinados regímenes de información. Épsilon diseña el calendario fiscal de la sociedad después de constituirla, para que desde el primer mes quede claro qué se presenta, cuándo y quién lo hace.

Aunque la actividad esté frenada, la sociedad sigue existiendo y genera costos: honorarios profesionales, presentaciones periódicas, libros y rubricas, mantenimiento de la cuenta bancaria, tasas y, en su momento, la confección del balance. Además, tener impuestos activos obliga a presentar declaraciones aunque sean en cero, y la omisión puede derivar en multas. Este punto explica por qué conviene pensar dos veces antes de constituir una sociedad para un proyecto que todavía no arrancó: el costo de mantenimiento corre igual. En Épsilon siempre explicamos ese costo antes de recomendar una constitución, y en algunos casos la conclusión es esperar o resolverlo como persona humana.

Depende del tipo societario. La DPPJ bonaerense informa que tipos como la SRL no tienen un capital mínimo general de constitución, mientras que la SA y la SAS tienen reglas específicas. Pero hay una diferencia entre el mínimo formal y el capital razonable. Un capital simbólico puede generar observaciones si no guarda relación con la actividad declarada, y también deja a la sociedad sin respaldo frente a terceros, bancos o proveedores. Además hay que cumplir con la integración en la forma y proporción previstas, y acreditarla. En Épsilon recomendamos definir un capital coherente con la operación prevista, en lugar de limitarse al mínimo formal solo para abaratar el trámite.

Hay que distinguir el domicilio legal (la jurisdicción), la sede social (la dirección precisa) y el domicilio fiscal, que debe ser real y constatable. Usar tu casa puede ser posible, pero conviene analizar la actividad, la normativa societaria, la fiscal y la municipal, porque no toda actividad puede desarrollarse en una vivienda y la habilitación municipal puede exigir otra cosa. Un detalle práctico: la DPPJ advierte que incorporar la sede directamente al estatuto puede implicar una reforma si después se traslada, lo que encarece una mudanza. Épsilon coordina los domicilios societarios y fiscales para evitar inconsistencias, que son una causa frecuente de observaciones y de notificaciones que nunca llegan.

La inscripción no deja a la sociedad lista para operar: es apenas la primera mitad del camino. Después hay que obtener la CUIT, dar de alta los impuestos nacionales y provinciales, habilitar la facturación, rubricar libros, abrir la cuenta bancaria, designar administradores de clave fiscal y, según la actividad, tramitar habilitaciones. También conviene definir desde el inicio cómo se va a llevar la contabilidad y quién carga la información, porque una sociedad con registros desordenados llega al primer balance con un problema grande. Épsilon acompaña especialmente esta segunda etapa, que es donde suelen aparecer las demoras que impiden facturar a tiempo.

No necesariamente en partes iguales. Deben considerarse el capital aportado, el trabajo que cada uno va a poner, las responsabilidades, el riesgo asumido y la dedicación esperada. Un reparto 50 y 50 entre dos socios es simple pero puede trabar decisiones si hay desacuerdo, así que conviene prever un mecanismo de desempate. Con tres o más socios, atención a quién queda con mayoría para decisiones ordinarias y extraordinarias. También hay que pensar el futuro: qué pasa si alguien deja de trabajar en el proyecto pero conserva su participación. En Épsilon recomendamos discutir esos escenarios antes de firmar, porque después el porcentaje es mucho más difícil de mover.

Aportes de cada uno y en qué forma, funciones y dedicación, remuneraciones por el trabajo, distribución de utilidades, qué decisiones requieren acuerdo de todos, cómo se resuelven los empates y cómo puede salir alguien. Es igual de importante definir qué pasa en los escenarios incómodos: si uno quiere vender su parte, si otro deja de cumplir, si hace falta poner más plata o si el proyecto no funciona. Esas conversaciones no las reemplaza ningún contrato: el contrato las documenta, pero primero hay que tenerlas. En Épsilon consideramos esta etapa tan importante como el trámite societario, porque la mayoría de los conflictos entre socios nacen de acuerdos que se dieron por supuestos.

Hay que revisar el contrato social, que puede prever restricciones a la transferencia de cuotas, derechos de preferencia o mecanismos de valuación. La salida puede instrumentarse de varias formas: venta de las cuotas a los otros socios o a un tercero, reducción de capital u otras alternativas. Cada una tiene efectos contables y fiscales distintos, tanto para quien sale como para la sociedad. Un punto central es el precio: conviene definir cómo se valúa la participación, idealmente antes de que surja el conflicto. En Épsilon coordinamos el impacto societario, contable y tributario de la salida, para evitar que se resuelva con transferencias informales de dinero que después no se pueden justificar.

Primero hay que definir su naturaleza, porque el socio puso plata no es una categoría contable. Puede tratarse de un aporte de capital, un aporte irrevocable a cuenta de futuras suscripciones, un préstamo del socio a la sociedad o el pago de un gasto que la empresa le debe reintegrar. Cada figura tiene efectos distintos: modifica o no la participación, genera o no una deuda, y tiene tratamiento fiscal propio. Lo peor es no definirla: años después nadie recuerda si aquello era préstamo o capital, y la discusión aparece justo cuando hay que repartir. En Épsilon registramos cada movimiento según su sustancia y con la documentación de respaldo correspondiente.

No debería mezclarse el patrimonio de la sociedad con el personal. La empresa es un sujeto distinto, y cada retiro necesita una causa identificable: sueldo por el trabajo que realiza el socio, honorarios por su función de administración, devolución de un préstamo o distribución de utilidades aprobada. Retirar sin causa genera cuentas particulares que crecen, distorsionan los estados contables y pueden tener consecuencias impositivas. Además complica la gestión: si no sabés cuánto se llevó cada socio ni por qué concepto, tampoco sabés cuánto gana realmente la empresa. Épsilon trabaja especialmente esta separación, porque es uno de los problemas más comunes en empresas familiares y pymes chicas.

Para distribuir utilidades tiene que haber resultados acumulados susceptibles de distribución y una decisión societaria válida que lo apruebe. No alcanza con que haya plata en el banco: la caja puede provenir de cobranzas o de deuda, no de ganancias. Los tres conceptos son distintos. El sueldo remunera el trabajo del socio en relación de dependencia cuando corresponde, los honorarios retribuyen la función de administración y los dividendos o utilidades remuneran el capital. Cada uno tiene naturaleza jurídica, contable y fiscal propia, y tratarlos todos como ganancias suele generar problemas. En Épsilon analizamos qué corresponde según la función real de cada socio y preparamos la información para que la distribución se base en resultados reales.

El error más grande es no hablar de dinero, roles, dedicación y salida porque hay confianza. La confianza es un buen punto de partida, no un reemplazo de las reglas. Otros errores frecuentes: repartir en partes iguales sin analizar aportes, no definir quién decide qué, no fijar remuneraciones por el trabajo, mezclar cuentas personales con las de la empresa y no prever qué pasa si uno se quiere ir o si fallece. Dejar todo por escrito no desconfía de nadie: protege la relación personal cuando el negocio se complica. En Épsilon recomendamos tratar la relación societaria de manera profesional desde el principio, justamente para cuidar el vínculo.

Una sociedad y un fideicomiso pueden utilizarse para organizar proyectos, pero jurídicamente son herramientas distintas. En una sociedad se constituye una persona jurídica con socios o accionistas, órganos de administración y un patrimonio propio. En un fideicomiso existe un contrato mediante el cual el fiduciante transmite o se compromete a transmitir bienes al fiduciario, quien debe administrarlos en beneficio del beneficiario y transmitirlos al fideicomisario cuando se cumpla el plazo o condición previstos. Esa es la estructura definida por el artículo 1666 del Código Civil y Comercial. Una característica relevante es que los bienes fideicomitidos forman un patrimonio separado bajo las condiciones previstas por la normativa. En Épsilon analizamos la figura desde tres ángulos simultáneamente: objetivo del negocio, estructura legal y efecto contable e impositivo. Usar un fideicomiso solamente porque protege los bienes, sin analizar costos y obligaciones, puede ser un error.

Puede tener sentido cuando varias personas necesitan aportar bienes o dinero para un proyecto y quieren establecer reglas precisas sobre administración, aportes, distribución de resultados y destino final de los activos. Es habitual analizarlo en proyectos inmobiliarios, administración conjunta de bienes y estructuras donde resulta relevante separar el patrimonio afectado al proyecto. Pero esa ventaja tiene un costo: contrato, administración, contabilidad, obligaciones fiscales, posibles escrituras e inscripciones. Por eso no debería constituirse un fideicomiso únicamente porque suena más profesional o porque varias personas poseen un inmueble en común. En Épsilon, antes de recomendarlo, comparamos el fideicomiso con alternativas más simples. Si tres personas quieren administrar unos terrenos, hay que preguntarse cuál es el objetivo: conservarlos, venderlos, construir, incorporar inversores o simplemente repartir gastos. La estructura debería surgir del proyecto y no al revés.

Puede ser una herramienta útil, especialmente cuando hay varios participantes, aportes de distinta naturaleza y reglas de administración que conviene dejar por escrito: quién administra, quién paga los gastos, cómo se reparten los resultados y qué pasa al finalizar. Pero agrega costos legales, contables, registrales y fiscales que hay que comparar contra el beneficio de separar y ordenar el patrimonio. En proyectos chicos, ese costo puede ser mayor que el problema que se quiere resolver. El tratamiento impositivo depende del tipo de fideicomiso, de los bienes y de los sujetos involucrados, así que generalizar es riesgoso. En Épsilon analizamos cada estructura por separado y siempre la comparamos con alternativas más simples antes de recomendarla.

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